Vladimir Villegas: Constituyente mata varios pájaros en granja de Maduro

Vladimir Villegas: Constituyente mata varios pájaros en granja de Maduro

La Asamblea Nacional Constituyente ha sido el instrumento escogido por el gobierno del presidente Nicolás Maduro para matar varios pájaros de un solo tiro. El primero de esos pajaritos, escurrirle el bulto a las elecciones de gobernadores y alcaldes que obligatoriamente deberían realizarse este año, en medio de un gran descontento popular y una severa crisis económica que le depararía al chavismo oficial una derrota mucho más estruendosa que la de diciembre de 20015 en los comicios para renovar el parlamento nacional.

El segundo, la crítica nacional e internacional a la no realización de esos comicios regionales y municipales. Convocando a una Constituyente , al presidente Maduro no se le podría acusar de evadir una consulta al soberano, ni señalar que está propiciando la permanencia en el poder de espaldas a la voluntad popular. Este argumento viene acompañado de otro cuasi perfecto: se convoca esa Constituyente en nombre de la paz.

Eligiendo una Constituyente el gobierno mataría un tercer pájaro, el de una Carta Magna que ya se le ha convertido en un serio obstáculo para adelantar su estrategia de permanencia en el poder pese a que hoy es una fuerza evidentemente minoritaria.

Una modificación sustancial de la Constitución vía esa Constituyente les permitiría eliminar la inmunidad parlamentaria, terminar de anular la Asamblea Nacional, destituir a la Fiscal General de República, Luisa Ortega Díaz, y despojar de competencias a esa institución, modificar los períodos de alcaldías y gobernaciones, y ¿por qué no? , el del Presidente de la República. No es casual que el Jefe del Estado haya dicho que la Constituyente puede hacer lo que le dé la gana.

Pero para que esa Constituyente dé los frutos que el gobierno espera no había otra forma de convocarla sino apelando a cálculos políticos y matemáticos que le garanticen una mayoría nacida de formas bastante peculiar. Por ejemplo, agrupar en sectores buena parte de los constituyentes a ser electos. De esta manera se garantiza un electorado cautivo, incluidos en sus registros susceptibles de ser controlados, como por ejemplo, los campesinos, las comunas, los indígenas, etc.. Y lo mismo ocurre con los constituyentes territoriales. Los electores de las ciudades con mayor número de habitantes quedan sub representados y los de pequeñas poblaciones, donde el chavismo tiene control milimétrico, obtienen una sobre representación absolutamente desproporcionada .

Una Constituyente convocada bajo esos parámetros ahuyenta a cualquier fuerza política opositora, sin entrar en otros detalles como por ejemplo la pertinencia o no de esa iniciativa, su constitucionalidad y su real contribución a la búsqueda de la paz.

Pero es la apuesta que el gobierno ha escogido, y no parece querer dar marcha atrás, porque, salvo que busquen sacar de la manga otra opción, esta es la que puede resultarles más práctica, dado que para “venderla” nacional e internacionalmente apelan al discurso de ir “al soberano”, (el pueblo) de convocar al poder constituyente, de actuar de acuerdo al legado de Hugo Chávez, y todos esos recursos retóricos que pierden fuerza y autenticidad cuando se contratan con la realidad concreta.

Aunque no se diga públicamente como se hizo en el pasado proceso para escoger diputados en diciembre de 2015, el gobierno diseñó su propuesta de elección de una Asamblea Nacional Constituyente para ganarla “como sea”. Con los números en contra, tal y como lo indican las encuestadoras mas diversas y de mayor credibilidad, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) no iba a someterse a una elección que implique el riego de ser minoría en una Asamblea Constituyente que pueda hacer lo que le dé la gana, como lo ha dicho el propio Maduro.

Y allí un aspecto muy delicado. El chavismo reivindica ir a la fuente del poder originario. Ese es el discurso. En la práctica no quiere preguntarle al soberano si apoya o no la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, y si está de acuerdo o no con las bases comiciales propuestas. Evade la elección universal, directa y secreta, por la vía de sectorizar la Asamblea Nacional Constituyente. De paso municipaliza la elección para evadir que ese órgano refleje la real correlación de fuerzas en la sociedad.

Pero el paso más atrevido que han dado es el de ir preparando el terreno para que las decisiones de la Asamblea Constituyente no sean sometidas a referéndum aprobatorio. Ello bajo el argumento de que esa es una decisión que adoptarán los propios miembros de la Asamblea, y que no existe ninguna disposición constitucional que obligue a realizar esa consulta, lo cual es un alegato que desconoce varios principios esenciales de la Carta Magna de 1999, entre ellos el de que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, por citar solo uno.

Lo otro es que terminan desconociendo al propio líder fundamental del chavismo, Hugo Chávez Frías, quien, como ha sido reiteradamente divulgado en estos días, fue terminante y claro al señalar que a la Constitución no se le puede cambiar ni una coma sin preguntarle al pueblo.

En resumidas cuentas, el chavismo gobernante puede terminar saliéndose con la suya y permanecer en el poder gracias a estratagemas que le deparen éxitos al corto plazo, pero al costo de sacrificar su discurso, su marca de fábrica, su narrativa de reivindicación de la democracia participativa y protagónica. Todo por el poder, por el temor a las consecuencias de perderlo. Estamos ante la Rebelión en la Granja del siglo XXI.

Qué manera de emular y superar la genialidad literaria de George Orwell, autor de esa novela y fábula que desnudó las perversiones del modelo socialista soviético bajo el liderazgo de Stalin. Qué manera de copiar lo malo de experiencias nacidas de un sueño, devenidas en una pesadilla real.

Leer más en: El Estímulo

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