📊 Cuando la calma política puede redefinir el tablero electoral
Por Félix Seijas Jr. | Estadístico, Ph.D. en Análisis de Data Compleja y director de la encuestadora Delphos
Luego de los acontecimientos ocurridos el pasado 3 de enero, Venezuela atraviesa una etapa de reajuste político y estratégico que ha reconfigurado el discurso sobre estabilidad, gobernabilidad y transición. En este contexto, la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió la jefatura del Ejecutivo bajo la figura de presidenta interina, mientras que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, insiste en calificarla como una “autoridad provisional”.
Desde Washington, Trump ha reiterado que mantiene control sobre el proceso político venezolano “hasta que se logre una transición segura, adecuada y juiciosa”. Sin embargo, el concepto de transición sigue siendo difuso, y el horizonte temporal para unas eventuales elecciones resulta aún más incierto.
🔍 Elecciones en el horizonte: ¿Cómo luce el balance de fuerzas?
Ante la posibilidad de un nuevo proceso electoral, surgen interrogantes inevitables: ¿puede el chavismo volver a ser competitivo? ¿La oposición lograría una victoria contundente? Aunque los niveles actuales de apoyo al gobierno parecen bajos, los datos revelan un potencial político que no debe subestimarse.
Los estudios de opinión muestran que aproximadamente un 22% de los venezolanos se identifica como chavista. De ese grupo, cerca de la mitad mantiene una lealtad firme, mientras que la otra mitad, aunque conserva simpatía por el movimiento, expresa decepción con la gestión gubernamental, principalmente por el deterioro económico.
A este segmento se suma alrededor de un 13% de ciudadanos que no se declaran chavistas, pero que mantienen afinidad con valores y elementos asociados a los orígenes del movimiento. El factor determinante de su alejamiento ha sido, nuevamente, la situación económica y su impacto directo en la calidad de vida.
En conjunto, estos datos permiten estimar un apoyo potencial cercano al 35%, distribuido entre votantes fácilmente movilizables, votantes difíciles de activar y un grupo con muy baja disposición a participar.
💰 Economía y percepción: El verdadero campo de batalla
Para que el oficialismo pueda ampliar su margen de maniobra sobre esta base social, es indispensable modificar la percepción negativa sobre la economía. En este punto, el chavismo ha demostrado históricamente una notable capacidad para maniobrar en escenarios adversos.
La administración Trump ha señalado en múltiples ocasiones que su prioridad es la estabilidad de Venezuela, especialmente aquella que garantice gobernabilidad y control del sector petrolero. No es casual que la “estabilización” constituya la primera fase del plan de tres etapas presentado por el secretario de Estado, Marco Rubio, seguido por la recuperación económica y, finalmente, la transición política.
Desde la perspectiva estadounidense, mantener el orden resulta clave. Un escenario de caos interno afectaría intereses estratégicos, tanto en lo económico como en lo político, incluso dentro del propio Estados Unidos.
🏛️ Gobernabilidad y pragmatismo internacional
Los hechos indican que, al menos hasta ahora, Washington considera que los actores actualmente en el poder cuentan con la estructura necesaria para garantizar gobernabilidad y control administrativo. Más allá del discurso diplomático, lo cierto es que Miraflores continúa ocupado por el mismo núcleo de poder, con una estructura operativa casi intacta.
Mientras tanto, el gobierno estadounidense ha prometido impulsar mejoras económicas tangibles que puedan sentirse en la vida cotidiana de los venezolanos. Declaraciones que apuntan a prosperidad, seguridad y estabilidad buscan generar expectativas positivas en la población.
📈 Medidas económicas y señales tempranas
Entre las acciones anunciadas destacan el acuerdo estratégico para la venta de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo, la propuesta de reforma de la Ley de Hidrocarburos y la inyección de recursos a la banca nacional para aliviar la escasez de divisas en sectores específicos. Algunos de sus efectos comienzan a reflejarse en indicadores como la reducción de la brecha cambiaria.
Según la narrativa oficial estadounidense, avanzar hacia una eventual elección presidencial tomará tiempo. Marco Rubio ha insistido en que el proceso será gradual y condicionado a la consolidación de condiciones políticas y económicas mínimas.
🧠 Percepción económica y comportamiento electoral
La experiencia reciente confirma el peso de la economía en la conducta política. En 2022, la simple percepción de una posible recuperación elevó en pocas semanas la evaluación positiva del país del 18% al 35%, y el porcentaje de personas que se identificaban como chavistas pasó del 22% al 29%.
Si en uno o dos años se llega a un proceso electoral en un contexto de estabilidad relativa y mejora económica, el oficialismo podría recuperar parte de su capacidad de movilización y, al mismo tiempo, reducir el sentido de urgencia por el cambio en sectores no alineados políticamente.
Con una abstención que podría aproximarse al 50% y un chavismo movilizando alrededor del 25% del padrón electoral, el resultado sería una contienda electoral mucho más ajustada de lo que hoy se anticipa.
⚖️ El desafío estratégico de la oposición
El principal reto de la oposición no es oponerse a la mejora de las condiciones de vida —algo que debe celebrarse— sino articular una estrategia unitaria, coherente y emocionalmente conectada con la población. Todo ello en un contexto de liderazgos fragmentados, estructuras debilitadas, dirigentes en el exilio y una capacidad de acción interna limitada.
El escenario descrito es solo uno entre muchos posibles. Sin embargo, ilustra una paradoja central de la política venezolana actual: la estabilidad, lejos de ser neutral, puede convertirse en el principal activo del poder establecido.

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